IDEAS CLAVE
La radio busca una transformación técnica que le impulse y le permita competir con otras plataformas. Sobre esto hemos discutido largo y tendido en la práctica anterior. El autor cree que especialmente se necesita una mejora y una modificación comunicativa y que, además, el cambio no se limite simplemente a la transformación instrumental. Y es que la situación de la radio es compleja. Las televisiones ofrecen canales de radio, de radio con imágenes o de videoclips. A ello le unimos las posibilidades de internet. Son fenómenos que le restan audiencia a la radio. Sin embargo, se dice que los medios no desaparecen, sino que tienden a convivir. La radio ha encontrado su momento. Personalmente, creo que siempre acompañará al oyente que conduce, a la madre que hace la comida, a quien ha apagado la luz y quiere dormirse escuchando a alguien hablar. En definitiva, “la audición se comparte con otra actividad”, ventaja que la televisión no ofrece. Como dice Herreros, la radio es el amigo íntimo, es el que te habla de tu a tu. La radio, como el hombre es un ser social que necesita de los demás. Por eso se le deja al oyente llamar y participar. ¿O no? Un compañero apuntó en clase que era una vil estrategia de las cadenas que no quieren más que llenar horas de programación según la ley del mínimo esfuerzo. Tiene razón, aunque eso no quita para que la radio sea mucho más participativa y cercana que la televisión. En el texto se explica que la radio ha asumido esta cercanía y que los presentadores intentan que el medio aporte lo que, por ejemplo, no hace la televisión. Esto es dar las noticias dialogadas, distendidas, comentarios entre periodistas a través de entradillas a dúo, etc. con el simbolismo manipulador que implica pero dotando a la noticia de materialidad, haciéndola casi física, como si fuese algo que el oyente pueda tocar. Esto deriva en una disminución del tiempo de participación de cada interventor lo que a su vez incrementa inconscientemente el ritmo: hay muchas participaciones, cortes, llamadas telefónicas… se quiere dar una “multiplicación de voces que enriquecen el relato mediante la presentación de bastantes puntos de vista”, todo ello, imprimiendo más cercanía, si cabe, entre emisor y oyente, al simular una tertulia coloquial. Ya no se quiere escuchar al presentador de manera constante. Ahora se busca al especialista de cada materia. La innovación narrativa se me hace difícil de aceptar en términos generales. Creo que formatos casi pre-históricos siguen seduciendo a los oyentes que se muestran atraídos por el magazine. Realmente, no sé si se le ha dado al oyente la posibilidad de contar con una oferta temática. Esta no existe en radio, o al menos dista millones de kilómetros de la que ofrece la televisión. No creo que haya variedad ni especialización temática fuera de las cadenas musicales, Interconomía y dos más. Lo cierto es que Radio Marca ha tenido un gran éxito y para mí sigue siendo una incógnita saber si emisoras de cine, de política o baloncesto en exclusiva tendrían rentabilidad. Supongo que es una opción demasiado arriesgada y costosa y solo se podría producir en grandes plataformas con posibilidad de realimentar la programación entre sus diferentes emisoras. El futuro próximo nos va a desvelar muchas cosas. Nuevos anglicismos ya normalizados en nuestro vocabulario como el podcast van a ser quienes realmente propicien una innovación narrativa. Sin duda alguna, lo más interesante del texto es, a mi juicio el guante digital que permite a los sordos escuchar la radio. Algo que me parece uno de los grandes buenos usos de la informática. Desde hace ya un tiempo la radio exhibe un star system casi hollywoodiano. Nos hemos habituado a escuchar a nuestro locutor particular. Muchas veces ni nos sabemos el nombre del programa sino que decimos “he escuchado a” Gabilondo, Herrera, Francino, Federico, Nierga, etc. Memorizamos la voz del presentador. Este es uno de los pocos elementos de diferenciación en el panorama radiofónico actual, que nos muestra cada vez menos diferencias entre los magazines o informativos de los unos y los de los otros. Y luego decimos que la radio tiene variedad temática. Sí… claro… El texto habla también de la diferencia entre el día y la noche. Diferencia de entonación, de ritmo, de contenidos, etc. La noche requiere calma, una entonación más sosegada, no sé si acorde con el tipo de espectadores o con la intención de no meter ruido, porque si alguien escucha los gritos de un carrusel a las cuatro de la mañana y no vive solo podría ser el último que escuchase. A veces me pregunto si no se hacen demasiadas reflexiones sobre cosas que no lo requieren. Pero en fin… después del ajetreo diario hay que tranquilizar al radioyente antes de que se vaya a dormir. Pasemos a hablar de creatividad. Una creatividad, la de la radio, que según el autor atraviesa un momento difícil. En pocas palabras. La situación está complicada y no hay tiempo para jaimitadas. Informativo, deportes, magazine… demos al público lo que siempre ha oído y siempre ha funcionado y dejémonos de experimentos. Esto parece ser lo que piensan desde las altas oficinas de las emisoras. Es lógico que se apueste por formatos que funcionan y creo además, que todos haríamos lo mismo en su situación. Cebrián opina que los tratamientos de ficción y el radioarte “aunque mantienen una escasa e incluso nula presencia en la programación actual”, conservan viva la regeneración expresiva de la radio. La programación radiofónica “se orienta al mantenimiento de audiencia y a la rentabilidad económica”, centrándose, la creatividad cotidiana en dos grandes ejes:” la de seguimiento de la actualidad y la musical”. Respecto al primero podemos decir que el magazine es casi el formato estándar. He reflexionado largo y tendido acerca de la especialización temática en radio. ¿Por qué no encontramos una variedad de canales similar a la de la televisión digital? A veces me pregunto si será verdad que la radio se ha comprendido a sí misma. Ha entendido cuál es su significado y su sitio. Actualmente, parece que la estructura de los programas existentes, casi idénticos de unas cadenas a otras y diferenciados solamente en cuestiones estéticas, es la única vía. Entiendo que las cadenas generalistas jueguen dentro de una dinámica de intentar absorber al mayor número de radioyentes, de intentar ampliar el abanico de edades, grupos sociales y registros de los escuchantes o, hablando claro, de dirigir el mayor número de ovejas posibles. Pero, ¿realmente no sale rentable emitir ningún canal temático al margen de la música y de Intereconomía? Repito que Radio Marca ha tenido un gran éxito. Comprendo que un canal temático de golf a nivel provincial en Zamora no tendría éxito, pero quizás una radio de 24 horas emitiendo sobre cine a nivel nacional tendría un número fijo de oyentes. Hablando de 24 horas, los programas de solo información son posiblemente los que más estén innovando. Se ofrecen informativos cada cuarto de hora de 5 minutos de duración y el resto del espacio, que queda libre, es muy variado. “Son programaciones muy creativas en su conjunto y que día a día reclaman imaginación para que resulten novedosas al seguidor”. Además, la radio informativa “ha emprendido la programación especializada en un solo contenido: economía, deporte, salud.” Como bien dice Herreros, descubrimos como se ofrece una programación especializada pero sin salirse de los planteamientos de las cadenas generalistas. En cualquier caso, ni el autor ni yo vislumbramos una gran originalidad y el toque de “deja vu” lo tengo presente, sin inmutarme y aceptándolo, cada vez que enciendo la radio. En cuanto a la creatividad en la programación musical, el autor afirma que es el campo en el que más se ha innovado. Hay una gran cantidad de canales de música especializada: canales de rock, de pop, de flamenco, de música clásica, etc. De la misma forma que hay diferentes formulas como la de poner los 40 más escuchados de manera repetida y con órdenes diversos. Desde mi punto de vista, una vez más vuelvo a ser protestón y crítico, pero me cuesta hablar de innovación y creatividad por el hecho de que unos comenten cada canción y otros pongan el disco de continuo. Creo que soy demasiado pretencioso, pero yo no tengo la sensación de escuchar nada diferente. Reconozco que hay programas que me parecen de mejor calidad que otros. Por ejemplo, me gusta que el especialista comente el tema dándole paso, pero creo que son diferencias estéticas y no originalidad o innovación. Por innovación entiendo otras cosas. Posiblemente esté crucificando a los canales musicales cada vez que digo que no hay especialización, pero programar un millón de canciones Folk para una semana y crear una cadena llamada Radio Folk, lo siento mucho, pero para mí, ni es original, ni es innovación, y tan sólo es una tematización (a día de hoy casi irrelevante cuando se trata de música). Las cadenas nos hacen creer que nos están ofreciendo cantidad de posibilidades cuando lo único que hacen es sumar canales a la competencia dándole al play. Pero no maltratemos a la radio, que en televisión también sucede esto. Evidentemente, se está ofreciendo una nueva posibilidad a un sector determinado de la música, pero gracias a que la cadena lo puede ejecutar por “dos duros”. Me parece muy bien, pero que nadie se ponga en estos casos una medalla a la creatividad o la innovación, porque de dar pasos hacia delante algunos se han quedado rezagados. Continuando con la creatividad en lo que afecta a los programas, Herreros profundiza en los informativos (no noticiarios) en los que aparecen documentales y reportajes de gran elaboración y complejidad, lograda a través de una amplia oferta de efectos sonoros, voces o sonidos ambiente. Aunque el autor, advierte que debemos saber diferenciar la creatividad de lo que ha sido provocado por el propio interés del acontecimiento. De hecho casi siempre se trata de “programas elaborados con el pensamiento puesto en algún gran Premio o Festival de programas”. Es ingenioso el amigo Cebrián cuando habla de la creatividad en publicidad. Una publicidad que “es a la radio lo que la poesía es a la literatura salvando las distancias”. Tiene razón en que la publicidad es posiblemente el campo de mayor experimentación. La bondad de los motivos no los vamos a analizar porque como sabemos la publicidad vive adherida a la persuasión y que un anuncio sea bueno o malo lo dice el éxito del producto o servicio publicitado. También el humor y la parodia radiofónica son poesía según el autor, ya que en ambos terrenos se juega con un alto grado de metaforización que ha hecho que el lenguaje radiofónico encuentre aquí una de sus principales “vías de renovación”. Las diferentes variaciones de voces, de imitaciones, de efectos que intentan hacer reír al espectador permiten, según Herreros, que el lenguaje radiofónico se impulse. No sé si es necesario pensar de la misma forma a como lo hace el autor en este tipo de cuestiones. Creo que si existe una cierta creatividad esta viene determinada por la propia esencia del humor, que sea en radio, en televisión o a través del vecino, te hace reír si se te cuenta algo original, que no has escuchado antes. A nadie le hace gracia el chiste de “esto van dos andando por la calle y se cae el del medio”que hemos escuchado cien millones de veces. ¿Creativo el humor? Sí, aunque sin olvidar que su misma naturaleza lo exige. La verdadera creatividad parece habitar exclusivamente en los espacios artísticos o de ficción. Curiosamente, estos espacios tienen dificultades para contar con una gran cantidad de tiempo en las parrillas. Aquí encuentro uno de los puntos más aprovechables de este texto: “Hace años en algunas emisoras existían también departamentos específicos en los que se promovía la creación de nuevas ideas, la experimentación de otras modalidades narrativas o la generación de sonidos innovadores.” Herreros asegura que en algunos casos los logros han sido de gran relevancia. Uno de estos ejemplos apunta a Pierre Schaeffer y la música concreta creada. Para el autor aparece aquí un nuevo debate que gira en torno a si algunos de los méritos de la radio deberían atribuirse solo a la música. Opino que la música es parte de la radio y un elemento fundamental de esta. La evolución de la radio debe jugar con la música de la misma manera que puede hacerlo con la voz, los efectos sonoros o el silencio. También creo que Herreros tiene mucha razón cuando dice que el objetivo de los programas de radio es, al fin y al cabo, ganar audiencia. Por lo tanto, al igual que en muchas ocasiones el cine o la música, es difícil separar lo que es arte y lo que no es, lo que nos llevaría al eterno debate, y valga la redundancia, de ¿qué es arte? Esta es, también, la cuestión que aparece cuando hablamos de creatividad en la digitalización. Las nuevas tecnologías ofrecen nuevas posibilidades, aunque será difícil que la creatividad responda a criterios artísticos (con el componente emocional y personal que esto conlleva) o si simplemente tiene el objetivo de llegar a un mayor número de personas. Parece que la creatividad por la creatividad en radio está destinada a museos. La radio tiene un componente mercantilista, de intento de llegar a un mayor número de personas para exprimir unos niveles de lucro más elevados. Pero tampoco debemos sacar aquí nuestra vena más antisistema e independiente, ya que como he dicho, la radio es, como el hombre, un ser social por naturaleza, y necesita relacionarse con las personas. Las nuevas fronteras, como la ciberradio, a través de nuevas posibilidades como la fragmentación que, a su vez, pueden dar lugar a nuevos fenómenos como la redifusión o el fin de la emisión circular, no harán sino ofrecer nuevos métodos de diálogo entre la radio y los oyentes, y no necesariamente, formas estrictas de creatividad.
INNOVACIÓN DEL TEXTO
Cebrián Herreros es un hombre de referencia en el estudio de los medios y de la comunicación audiovisual en España. Su voz tiene un eco entre los estudiosos del entorno y su reputación le convierte en alguien a respetar. No obstante, y siendo sinceros, no dispongo de la información necesaria para atribuir al autor la condición de ser el primerizo en elaborar el análisis de esta materia. ¿Innovación? No creo que sea un texto pretencioso a la hora de innovar. Más bien creo que hace un repaso a la situación radiofónica enfatizando algunos aspectos determinados tales como el de la creatividad. La exasperación que provoca en mí el texto tiene que ver con la cantidad de veces que he leído a este hombre a lo largo de la carrera, y tiene también relación con el carácter repetitivo de algunos epígrafes y con el olor a tiempos casi prehistóricos (allá por primero de carrera) inherentes al escrito. Un texto que me recuerda a las asignaturas base del periodismo. Ahora en cuarto curso, uno no se considera ningún experto, pero ya va siendo hora de cambiar de juego.
ASPECTOS REBATIBLES
No sé si podemos esperar más de la radio aunque los que estudiamos esto deberíamos ser exigentes al máximo. Tampoco sé si en la radio (en estructura, formas de narrar, etc), al igual que en el fútbol, está todo inventado, pero sinceramente, no creo que por eso ni fútbol ni radio vayan a desaparecer. Es posible que el podcast elimine algunos programas de baja audiencia y permita algunas nuevas propuestas de las que la radio podría aprovecharse para impulsarse un poco y ganar esa creatividad que Herreros parece que haya buscado con lupa a lo largo y ancho del panorama radiofónico español. Creo que Mariano Cebrián Herreros ha sido la compañía más frecuente de todo estudiante de Comunicación Audiovisual. Primeros y segundos cuatrimestres, febreros, junios, septiembres, parciales, finales, prácticas individuales, de grupo… siempre de la mano del bueno de Cebrián. Un hombre al que sin conocer he llegado a odiar.
UTILIDAD
El dato más relevante y, he de decir, optimista, es el de haberme enterado de la existencia de guantes digitales que acercan la radio a los sordomudos. ¿Utilidad? Supongo que en su día la tendría, pero desde luego, a estas alturas Don Mariano no me aporta nada nuevo con otro episodio de su libro gordo. Me sorprende y me abruma la capacidad de filosofar que tiene este hombre, y su aptitud a la hora de elaborar una tesis sobre temas sencillos, fáciles u obvios que se empeña en hacer más complejos de lo que son. Si bien es cierto que Herreros hace un recorrido completo sobre el panorama radiofónico (y sobre la televisión en otros capítulos) que define las características del medio y de la situación (casi) actual. Valor, ganas y paciencia no le faltan.