Llevo tiempo criticando la incansable obsesión del cine español por las películas de denuncia. La protesta, el inagotable cine social, es excelente si se realiza bien, es una de las mejores armas contra las deficiencias, las carencias, los problemas o la degeneración de una sociedad. Es cierto que puede servir de controlador del poder y que los políticos tiemblan ante algunos directores. Véase sino a George Bush cada vez que Michael Moore estrena alguna película. Sin embargo, el cine español ha abusado de este cine hasta la saciedad, hasta casi mostrar internacionalmente un país donde sólo existen “putas”, “parados”, “drogadictos”,… Me cansa y me recorre el cuerpo la extraña sensación de que “El bola”, “Los lunes al sol”, “7virgenes”, “Princesas” y un inagotable listado de glorias de los últimos años son más de lo mismo. Soy, desde luego, injusto con el cine social, porque el agotamiento me ha llevado a ser muy exigente. Quizás por eso aprecio en especial a “María llena eres de gracia”.
Este filme, demuestra que estas historias se pueden tratar con belleza, con sensibilidad y sin la necesidad de tener que enseñar a todas horas un pesimismo (el de “Barrio”, “Te doy mis ojos”, etc.) que aún siendo excelentes, son menos exquisitos, evidentemente a mi juicio. Más sorprendente resultará para los más radicales descubrir que se trata de un trabajo de un norteamericano, a pesar de que estemos hablando de un filme colombiano. Joshua Marston, consigue llevar a la pantalla un emotivo relato. Mezcla varios trasfondos fundamentales, que son algunos de los problemas más candentes a día de hoy a nivel mundial. No se puede pasar por alto el tema del narcotráfico, o incluso la crítica a la droga, al daño que produce en cualquier sociedad (plasmado en la muerte de Lucy). Sin embargo, a mi juicio hay aún otros temas más esenciales. Así, por ejemplo, el análisis de la pobreza es fantástico. Gran paralelismo entre las pobrezas de distintos sitios, porque, también en Nueva York se puede ser pobre. Y es que, en la gran ciudad, como gran ciudad que es, todo se magnifica, se agranda, hasta el punto que resulta abrumador. De igual modo la pobreza se aamplía cuando entra en contraste con la propia grandeza del entorno, lo que quizás haga que se puede hablar de una pobreza mayor.
La inmigración es el principal tema de la película. El hecho de que esté dirigida por un estadounidense se refleja en la propia ideología del filme y en las conclusiones que se sacan. Siendo casi un homenaje a los emigrantes que salen de su país natal en busca de prosperidad para ellos y sus familias, “María, llena eres de gracia” pone al espectador en el lugar de uno de los casos más arriesgados que se dan entre los emigrantes colombianos que viajan a EEUU, en el que el riesgo de muerte es elevado. La primera potencia mundial es un lugar adverso, un lugar difícil, un lugar peligroso donde las formas campechanas y el calor de la familia no existen para la protagonista. Los riesgos son numerosísimos, y las personas dispuestas a ayudar difíciles de hallar. Pero a pesar de todos esos males que le acechan a un inmigrante, EEUU es futuro, es oportunidad y es posibilidad de cambio (a mejor). Quizás podemos aprender de esta película, nosotros, los occidentales, que nuestro comportamiento determina el bienestar de mucha gente que se juega la vida por estar en nuestro lugar. Eso es “María, llena eres de gracia”. Una fantástica película que si se quiere ver como documental, resulta igualmente eficaz. Personalmente, pienso que cinematográficamente es sencilla e inteligente al mismo tiempo, exportando un mensaje abrumador, sincero y esperanzador de forma simultánea.