No es poco lo que se puede extraer de tan jugoso producto. Bernardo Bertolucci merece sin lugar a dudas un prolongadísimo aplauso por habernos brindado semejante trabajo, o lo que a mi juicio es, sintiéndolo por “El último emperador” y “El último tango en París”, su opera prima. Me permito esta breve introducción cinematográfica porque veo imprescindible hacerlo. El genio italiano se reunió con Robert De Niro, Gerard Depardieu o Burt Lancaster, entre otros, para filmar más de medio siglo de la historia de la Italia del siglo XX, aprovechando así a homenajear al movimiento obrero y al partido comunista. 314 minutos de puro esplendor que vuelven a situar al cine italiano tan alto como lo habían dejado Federico Fellini, Luchino Visconti y Pier Paolo Pasolini durante los 50 y los 60, y también Sergio Leone, a su manera. Y es que “Novecento” es cine histórico del bueno. No entraré en si se ciñe o no a la realidad histórica, porque no cuento con el suficiente conocimiento de la historia de Italia para hacerlo, pero si se puede afirmar con toda seguridad que este filme nos sumerge en la Italia del siglo XX y que está extraordinariamente llevado a la pantalla. Es junto con “La lista de Schindler”, el mejor retrato histórico que, personalmente, he visto cinematográficamente. Violencia medida, pero mostrada con mucha frialdad y sobre todo muy impactante, desnudos sin ningún tipo de pudor o vergüenza (¿existía eso entre niños campesinos de principios de siglo?), frases grandiosas y la banda sonora… Por poner algo en contra: el doblaje. Me resulta pésimo y puede que resulte necesario verla en versión original. Yo no lo he hecho pero reconozco que me gustaría.
La película comienza a principios del siglo XX, coincidiendo con la muerte del músico italiano Verdi. En este contexto nacen el mismo día dos niños, los dos protagonistas de “Novecento”. El primero en nacer es Olmo Dalcó, de familia campesina tradicional. El segundo es Alfredo Berlingieri, de familia burguesa, nieto del patrono. El viejo Alfredo, patrón de las tierras, se muestra satisfecho al ver que su nieto es un varón, lo que significa que va a ser el heredero. La propiedad la hereda el primogénito (herencia de sangre). El mayor de los Berlingieri, durante el parto, parece un poco molesto al enterarse de que el hijo de los Dalcó ha nacido antes. ¿Puede ser esto una moraleja? ¿Está libre de interpretación? Quizá el hecho de que el hijo del campesino nazca antes tenga algo que ver con los acontecimientos posteriores entre la burguesía y el campesinado, y el ascenso, y en parte triunfo, del segundo grupo acuñado en un movimiento social. No obstante, esto último son sólo reflexiones mías.
El nacimiento de una nueva criatura es diferente en una familia que en otra. Mientras la clase burguesa lo celebra como un acontecimiento, ya que ha nacido el heredero, el futuro de la familia y de la sangre, en la familia campesina un niño significa otra boca más que alimentar. De hecho, en la película no se sabe con certeza quién es el padre del pequeño Olmo Dalcó. Las mujeres se veían con diferentes hombres y se origina este tipo de polémicas, que son, por otra parte, objeto de mofas para el resto de los campesinos.
Estos, independientemente de que empiecen poco a poco a comprender que el patrono se enriquece gracias a su trabajo y que es su jefe y, si se me permite, incluso el dueño y señor de sus vidas, se sienten orgullosos de ser lo que son. Es una sociedad agraria tradicional, sin demasiadas mejoras tecnológicas (estas estarían todavía por llegar) y sin una gran evolución en la formas de cultivo.
La historia se recrea unos diez años después aproximadamente. Los dos niños, Olmo y Alfredo, son ya dos muchachos, con una diferencia abismal entre ambos. Alfredo representa a la burguesía, con unos modales más cuidados que los del Dalcó, mucho más dado a las formas del campesinado. Si bien es cierto como a lo largo de los minutos de película centrados en estos años, se puede observar como Olmo ejerce una cierta influencia en Alfredo, de ahí el posterior flirteo de la burguesía a la que él representa con el movimiento obrero.
El patrono Alfredo, el mayor de la familia Berlingieri, empieza a estar ya adentrado en años. La llegada de la segunda revolución industrial trae consigo la mejora tecnológica. Este es un dato que en principio no debería suponer un problema para la burguesía patrona. Se requiere una inversión pero se da una mejora de las técnicas de cultivo y un incremento de la productividad. Es el campesino el que más afectado sale con la revolución tecnológica. La mayor presencia de maquinaria disminuye la necesidad de utilizar mano de obra. Los salarios descienden y muchos campesinos apenas cuentan con suficientes recursos como para alimentar a su familia. Se ven obligados a emigrar a la ciudad, a buscarse la vida de otras maneras. Sin embargo, toda esta situación afecta demasiado al viejo Alfredo, que empieza a darse cuenta de que los tiempos están cambiando. Él representa a una época ya pasada. El siglo XX entra con fuerza y trae consigo los primeros ramalazos serios del movimiento obrero. Alfredo sucumbe a ese sentimiento de hombre desfasado del que es presa. Sentimiento que se maximiza cuando se da cuenta de que ha perdido la capacidad de procrear. Esta última es una de las escenas más aprovechables del film. Bertolucci no cae en la vergüenza ni en la falta de moral que supondría esta escena en el mercado cinematográfico (sobre todo el norteamericano) y pone toda la carne en el asador narrando una escena llena de frialdad y profesionalidad, en la que el patrono Alfredo utiliza a una niña para comprobar su verdadera situación personal. Ya no es que Alfredo se sienta desfasado respecto al mundo agrario y a los métodos laborales, sino también como persona. El ya anciano patrono decide ahorcarse para acabar con su vida y, simbólicamente, con toda una etapa. Ha acabado la burguesía tradicional.
La noticia de la muerte de Alfredo es recibida con alegría por parte de los trabajadores. El patrono simbolizaba, ya en parte a un elemento opresor que eran las clases altas y los sectores adinerados del estado. Al morir el patrono, el campesinado quizás mantenga la esperanza de que con el próximo amo las cosas vayan mejor. Se puede observar como mientras el patrono se mueve en ámbitos mucho más reducidos, sintiéndose de otra pasta, superior, ajeno al mundo de los trabajadores, los campesinos viven más unidos. Estos últimos se enfrentan a los mismos enemigos: las políticas del patrono, la miseria, el hambre… De esta unidad comienza a nacer un espíritu de lucha colectiva por alcanzar un fin común.
Una vez Alfredo ha muerto, su hijo recoge la herencia. Otavio es ya un hombre maduro. Representa a la burguesía urbana. En él se percibe un sentimiento de superioridad hacia sus trabajadores. Ante la precaria situación de éstos, Otavio mira hacia otro lado. La situación entre los campesinos comienza a ser desesperada en muchos casos apenas pueden alimentar a su familia y poco a poco, el movimiento obrero comienza a tener fuerza. Pero sobre todo, esta situación se les está inculcando a los jóvenes y niños de clases humildes que serán los que años más tarde cambien realmente el panorama social. La conciencia de clase se reafirma en el proletariado. El pequeño Olmo Dalcó está presente en muchas de las discusiones, enfrentamientos y desgarradoras escenas entre el patrono y los empleados. Mención especial a la forma en que un campesino se corta la oreja y se la entrega al patrono. De nuevo frialdad y de nuevo otro aplauso para Bertolucci. Como decía, Olmo está presente en muchos de estos sucesos, al igual que muchos jóvenes de Italia que ven como sufren sus familias, como sus padres hacen lo imposible por alimentar cada boca y como el patrono es ese estómago agradecido que no alza la vista más allá de su ombligo. De aquí nace el verdadero y poderoso movimiento obrero. En la película, Olmo Dalcó es la personificación de este movimiento. No queda mucho para que llegue la primera guerra mundial.
La historia se retoma unos cuantos años después. Alfredo y Olmo son ya jóvenes veinteañeros. La primera guerra mundial ha finalizado. Olmo regresa a su tierra después de haber estado en el frente. Alfredo ha permanecido en su casa, librándose del servicio militar. Esta es una más de las múltiples diferencias existentes entre la vida de Olmo (representación del campesinado) y Alfredo (personificación de una nueva burguesía). La posibilidad de los ricos de librarse de combatir pagando unos tributos es una de los datos que más me ha llamado siempre la atención. Si uno se para detenidamente a pensarlo descubre como el dinero es un pasaporte hacia la supervivencia, o por lo menos es muchos casos (esta situación no se daba sólo en España). Digo esto porque en ocasiones combatir en una guerra es ir directo a una muerte casi segura.
Italia, al igual que Alemania ha salido muy mal parada de la primera gran guerra. Sus idas y venidas dentro de esta y sus jugueteos con uno y otro bando le costaron caro. El tratado de Versalles de 1919, no benefició en absoluto a Italia, como en un principio se había acordado. El reparto de tierras no favoreció a los italianos. Al igual que en Alemania, esto generó un sentimiento de ira, de querer ensalzar de nuevo lo alemán o lo italiano (según el caso). Este es uno de las causas fundadoras de los totalitarismos alemán e italiano, como bien es sabido. No obstante, yendo de la mano de la película es posible profundizar un poco más en esta cuestión y analizar otros motivos por los cuales surge el fascismo.
Como decía, Olmo vuelve al campo, donde de nuevo las mejoras tecnológicas se dejan ver. El rastrillo y el mayor desarrollo del ferrocarril han modificado el campo otra vez. Realmente es ahora cuando podemos empezar a hablar de movimiento obrero, o más bien, de una mayor conciencia de las clases bajas, campesinas y proletarias de la política. Diferentes factores intervienen en ello: el analfabetismo disminuye poco a poco, cada pequeña revolución tecnológica que haya en el campo afecta a los campesinos, que muchas veces tienen que emigrar a la ciudad. Allí pueden entrar más en contacto con la política y la cultura. Ese es siempre uno de los problemas que han tenido las clases bajas a lo largo de la historia. Su falta de cultura, su analfabetismo y la simple razón de anteponer las necesidades vitales (comer, abrigarse, etc.) a cualquier tipo de manifestación cultural ha hecho que sea muy difícil que las clases bajas puedan estar al corriente de los que sucede en las altas esferas y en la macropolítica. Después de la primera guerra mundial la situación ha cambiado, y el proletariado quiere reunirse, participar, luchar por sus intereses. Durante siglos ha habido que someterse a los de arriba, pero ahora la gran Rusia ha enseñado que las cosas se pueden cambiar. El trabajador se reúne y se asocia para buscar lo mejor para todos. ¿Por qué se necesita un patrono? Esta es lo que se cuestionan los obreros. En estos años está naciendo la leyenda comunista, el gran sueño rojo y esos grandes profetas que son Lenin y Trovski. El comunismo se extiende por Europa. Mientras las tesis de Marx resultaron ser, demasiado teóricas, Lenin se encargó de llevarlas a la práctica teniendo una gran repercusión en el resto de Europa. Y eso es una dosis de moral para el proletariado de otros países. Italia no iba a ser menos.
Debería hablar ahora de otra causa (si no la más importante) del surgimiento del fascismo. Las clases altas burguesas (habrá que diferenciar entre distintos tipos de burguesías más adelante) necesitan protegerse del incipiente movimiento obrero. Las huelgas y las revoluciones no las pueden permitir tan fácilmente y por ello buscan aliarse contra ese nuevo fenómeno. No voy a hablar aquí de Mussollini ni de la marcha sobre Roma, porque sería alargar demasiado el comentario de forma ajena a la película. Simplemente diré que el fascismo nace como un movimiento que trata de defenderse del incipiente movimiento obrero revolucionario y que se opone a este, que esta ligado a las clases más conservadoras, con ideas de la ultraderecha demasiado adheridas a la alta sociedad y al propio país. No se debe olvidar lo dicho anteriormente. Italia había salido muy mal parada del tratado de Versalles y se necesitaba resurgir, había que ensalzar lo italiano y encumbrarlo.
Es el momento de hablar de los diferentes tipos de burguesías y de volver a la película. Mientras Otavio, el patrono, está decidido a acabar con la revolución obrera, su hijo Alfredo, que no representa a la burguesía urbana de su padre, sino que aparentemente parece más ecuánime y adaptado a los nuevos tiempos, se niega a apoyar el movimiento contrarrevolucionario que está surgiendo. Con la relación entre Olmo y Alfredo se ve como a veces la burguesía juguetea con el movimiento obrero, según sus intereses. A pesar de todo, las cosas cambian cuando Alfredo pasa a ser patrón. Su deber ahora es dirigir las tierras y al estar presente de una forma más directa en el conflicto, pasará a tomar una postura algo más conservadora.
La segunda guerra mundial acaba, y a su vez, el fascismo se hunde. Las ideas ultraderechistas entran en crisis a favor del movimiento obrero que de una vez por todas consigue llegar a lo más alto. Así llegamos al final de la película. Los trabajadores, con Olmo a la cabeza, se deshacen del patrón (Alfredo) quitándole todo el poder sobre las tierras. La clase obrera tiene un peso importantísimo. Surgida de la emigración del campo a las ciudades, ha conseguido establecerse como lo que podríamos denominar clase media, o cuanto menos una mayoría de población situada a medio camino entre los máximos mandatarios y las clases realmente pobres, que si se me permite empiezan a no ser tan abundante.
Se puede entender que esta victoria de los trabajadores sobre Alfredo es un homenaje al partido comunista. Del final de la obra se puede extraer una interpretación muy interesante. Alfredo y Olmo riñen hasta que son mayores. Todo ello bajo la moraleja que se encuentra detrás del desarme de los trabajadores. La izquierda y la derecha tendrán que luchar, en un tira y afloja , pero ya no es tiempo de revoluciones. A partir de ahora habrá que emprender otros caminos a través de la política. La última escena, es un prodigio del cine. Alfredo se pone cruzado sobre la vía del tren, como si fuera a suicidarse. Al pasar el tren, hay un cambio temporal y vuelve a aparece un niño. Nos deja la incertidumbre acerca de la existencia del patrono. ¿Se ha acabado realmente con el patrono? O lo que es a la larga lo mismo, ¿ha vencido el pueblo, el movimiento obrero y el comunismo sobre las clases altas y conservadoras? Debemos plantearnos toda posibilidad ya que la película es de los años 70 y por aquel entonces el comunismo no era aún una fuerza extinta. Todo esto y mucho más es “Novecento”.